Previa España 2019: ¿Qué ocurrió en 2018?

Hamilton llegó al Gp de España de 2018 con una tarea simple pero nada sencilla: demostrar que el liderato alcanzado en Bakú no fue solo cuestión de suerte. Y lo hizo. Lo consiguió desde el primer momento, con unas prestaciones que solo su compañero estuvo cerca de igualar. Lewis pudo perder la 'pole' ante Bottas pero el domingo marcó distancias. No estaba al nivel de años anteriores pero estaba cerca de empezar a sacar de quicio a su máximo rival. Poco más que decir sobre él, salvo que si su Mercedes seguía al nivel visto en Montmeló tendría el pentacampeonato muy cerca.

También había que recordar que la decisión de Pirelli sobre el grosor de la banda de rodadura benefició al equipo germano y perjudicó a unos Ferrari que tampoco lo iban a tener fácil con un fresco, húmedo y nuevo asfalto. Además se encontraron con un problema que acabó con la carrera de Kimi y evitó que actuara de escudero de un Vettel al que España no se le da demasiado bien. Sebastian se quedó sin podio por una precipitada decisión de su equipo al hacerle pasar por 'boxes' una vez más de lo que hubiera necesitado.

La decisión de los estrategas de la 'Scuderia' benefició a un rápido Verstappen que estuvo a punto de cambiar ese podio por un nuevo fiasco al destrozar el lateral de su ala delantera contra la rueda trasera de un Williams. La batalla de ambos Red Bull no fue un cuerpo a cuerpo porque Ricciardo no inquietó a su compañero. Por fortuna para ellos no tenían que preocuparse demasiado por sus perseguidores porque estaban muy, muy lejos. A pesar de los periodos de coche de seguridad y 'safety car' virtual, el líder sacó más de una vuelta al 6º, 7º y 8º, clasificados; y más de dos al resto de supervivientes.

Magnussen comandó a una segunda división en la que había mucha pelea pero que solo sería entre ellos porque era un milagro que alcanzaran a Mercedes, Ferrari y Red Bull.

Haas parecía ser, en ocasiones, el cuarto equipo, pero los errores de pilotos o mecánicos les penalizaban mucho. Cuando todo iba bien tenían capacidad suficiente para contener a todos sus perseguidores y sumar muchos puntos. Eso sí, el único que los sumaba era el danés porque su compañero Grosjean no dejaba de cometer fallos de auténtico principiante en fórmulas de promoción. El francés estaba perdido y sus errores estaban cambiando el rumbo de las carreras de muchos otros pilotos de forma directa o indirecta.

Tras el Haas superviviente llegó un Sainz que ya estaba al nivel de un Hülkenberg que no tuvo suerte. El madrileño pudo haber presionado a Magnussen pero le faltó algo de ímpetu en la primera parte de la carrera porque tras la parada se metió en tráfico y Ericsson le arruinó las pocas opciones que le quedaban para presionar al danés. A pesar de ello, su séptima plaza permitía a Renault superar a McLaren en la clasificación del mundial de constructores.



Los de Woking podían y debían preocuparse mucho porque ya eran el peor equipo con el motor galo. El MCL33 nació de forma precoz en los test invernales en 'el Circuit' y llegaba en su versión "definitiva" a esa misma pista meses después, pero el resultado se quedó corto. Alonso entró en Q3 por primera vez en 2018 aunque una salida difícil y una carrera complicada le obligaron a arriesgar y a realizar un buen puñado de adelantamientos para ocupar una modesta octava plaza. Su coche tenía muchos problemas a pesar de que no dejaban de augurar una progresión ascendente que se quedaba en eterna promesa incumplida (y errónea).

A todo ello se sumaba el primer abandono de Vandoorne que acababa con la fiabilidad extrema que habían demostrado hasta entonces en carrera y, no como en años anteriores, la culpa no ha sido de su motor. Es cierto que el Renault no empujaba como Ferrari o Mercedes pero quedaba muy claro que Honda no era el único problema de la ecuación. Había un exceso de confianza (o eso decían) en que era la única pieza discordante cuando chasis, aerodinámica y suspensión tampoco estaban a la altura, ni lo estaban en 2018. Antes de entonces podrían escudarse en que la falta de fiabilidad les restó decenas de horas de pruebas, pero eso ya no colaba.

Así que el equipo inglés tenía que ponerse las pilas porque Force India volvería en otros circuitos para ponerles en aprietos; Toro Rosso también lo haría; Renault y Haas ya eran rivales, y quizás ya eran mejores que ellos; y hasta Sauber parecía una amenaza en manos de un inspirado Leclerc que empezaba a demostrar que su dominio en la F2 de 2017 no fue un espejismo y que estábamos ante una futura estrella de la F1. Un piloto que pronto buscaría mejores opciones, si Ferrari no se las daba (cosa que sí ha ocurrido), y que no lo haría en Williams: un equipo desnortado, sin ideas y sin pilotos de garantías. Lo mejor que le podía haber pasado era que Kubica se hubiera subido entonces para, por lo menos, orientar un desarrollo que se ha demostrado completamente errático.

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