Previa Japón 2018: ¿Qué ocurrió en 2018?

Como ocurre este año, Ferrari tenía todas sus esperanzas puestas en la pequeña gira asiática posterior al final de la temporada europea de F1 para que Vettel recuperara el liderato y la marca se acercara a Mercedes en la pelea por el mundial de constructores. Un deseo que pudo haberles jugado una mala pasada al buscar forzar demasiado la máquina tras la oportunidad perdida en Singapur. El 'cero' de los italianos allí cuando esperaban dar un zarpazo al mundial les penalizó en Malasia al intentar recuperar el terreno perdido y les dio la puntilla en Suzuka. Es cierto que Hamilton había logrado la 'pole' en Japón (la primera para el británico allí), pero el domingo se había planteado como una oportunidad para Sebastian, que además podía haber intercalado a algún Red Bull entre él y el líder de un campeonato que ya parecía que lo será hasta el final.

Toda opción para Vettel se empezó a escapar cuando se repetía la imagen de una nube de mecánicos en torno a su coche en la parrilla de salida que ya vimos en el de Kimi en Sepang. En esta ocasión no encontraron problema alguno y el coche número 5 salió a pista, pero pronto empezó a ver que algo no iba bien. Era extraño ver cómo no pudo atacar a Hamilton, más lo fue observar a Verstappen superándolo, y más aún lo era ver como tres coches le adelantaron en el primer paso por la recta de meta. Su Ferrari desfallecía y, tras un pequeño parón por un coche de seguridad fue a peor. Segundo abandono del año y el campeonato que se escapaba de forma casi definitiva. Solo dos debacles de Lewis le permitirían soñar con un mundial que llegó a parecer que tenía cerca pero que entonces estaba pendiendo de un hilo muy fino y quebradizo.

La trabajada victoria de Hamilton le permitía llegar a Austin con opciones de salir campeón. Si repetía resultado y Vettel no alcanzaba el 'top 5' en Estados Unidos, sería campeón; y si acababa segundo y el germano era 9º, 10º o no puntuaba, también lo sería siempre y cuando su compañero de equipo no ganara en el circuito norteamericano. Parecía complicado pero, visto lo visto, no era ninguna locura que el mundial se decidiera un mes antes de que finalizase. Triste desenlace para una temporada en la que parecía que Ferrari había cerrado la brecha para acabar con el monopolio de Mercedes.

El coche germano dio muestras de debilidad en algunas facetas y les costó mantenerse como los favoritos. Sí, pero lo volvieron a conseguir..., Hamilton lo lograba. El británico ya era un fuera de serie, pero su pelea de 2016 contra Rosberg y la lucha de este inicio de 2017 contra Vettel le llevaba a un nivel aún más superior. Lewis estaba logrando vueltas increíbles para conseguir 'poles' que parecían imposibles, y estaba gestionando carreras llenas de imprevistos y en las que tenía muchos rivales dispuestos a superarle. Iba camino de ser tetracampeón y de hacerlo con autoridad y con unas actuaciones brillantes que estaban ensombreciendo a un Bottas que perdió muchos enteros en ese final de temporada.

Hamilton y Mercedes lo tenían casi hecho, y el golpe anímico a Ferrari fue tremendo porque estos tres fines de semana de pesadilla llegaron cuando la capacidad de reacción era mínima y porque muchos pensábamos que tenían coche para intentar ser campeones. Además, Red Bull llegó (por fin) a la pelea y podía ser un "aliado" para los intereses de los italianos, pero en Maranello podían empezar a estar preocupados porque los austriacos podían arrebatarles el subcampeonato de constructores. Ricciardo es un seguro de competitividad y Verstappen estaba viendo compensado su terrible temporada con unas actuaciones llenas de ritmo, agresividad y oportunidades aprovechadas.

Force India también vivía una etapa que ya les certificaba ser el cuarto mejor equipo, con mucha diferencia ante un nutrido grupo de perseguidores comandado por unos Williams decepcionantes. Ver a Massa arañar el último punto ante un McLaren con un motor que dejaba en evidencia las carencias de todo un coche era la imagen perfecta que demostraba su bajísimo nivel competitivo. Un nivel que si tuvo Haas en Suzuka para llevar a sus dos coches a la zona de puntos por segunda vez en 2017, lo que les permitía alcanzar la séptima plaza, superando a Renault y acechando a Toro Rosso.

En estos dos últimos equipos tuvimos una de las noticias más esperadas de las últimas semanas, la de Sainz adelantando su llegada al equipo de la marca del rombo para sustituir ya a Jolyon Palmer. El británico llevaba muchas carreras presionado por los franceses para dejar su sitio a un piloto con más garantías de sumar puntos para intentar superar a Haas y a Toro Rosso en el mundial de constructores, aunque a quien más beneficiaba el cambio es al madrileño. Carlos tendría la oportunidad de adaptarse al monoplaza y, lo que a veces es más importante, a una estructura, personal y forma de entender la competición distinta. Podría implicarse mucho más en el desarrollo del coche e introducir conceptos que puedan mejorar su rendimiento cuando 2018 ponga las cartas sobra la mesa. Lástima que la despedida de ambos, sobre todo con el accidente y abandono de Sainz, fuera tan agridulce con los de Enstone y Faenza.

El otro español aún mantenía la incógnita sobre su futuro aunque muchos apuntaban a que lo único que faltaba decidir era lo que duraría la ampliación de contrato con McLaren y su ficha. Unas conversaciones que estaban muy avanzadas y con posiciones muy cercanas pero que Alonso retrasaba a la espera de un milagro que llegara caído del cielo en forma de locura de final de temporada como la que tuvimos en 2016 con Rosberg, de un adiós que le abra una puerta cerrada. Y quién sabía entonces viendo el gran interés que tuvo Hamilton por probarse el anillo de ganador de 'Las 500 Millas' de Sato en el podio japonés (sonrisa y guiño). El asturiano tiene atada la opción de continuar con los de Woking, más si cabe si sabemos que él fue uno de los principales valedores del divorcio con Honda y el matrimonio con Renault.

Alonso sufrió la enésima penalización por cambios mecánicos y en el país de su todavía suministrador de motores. A pesar de todo, y no como en Sepang, Fernando realizó una carrera consistente de la que se marchó sin puntos por pequeños detalles, como perder tiempo detrás de pilotos como Stroll. El último de todos esos detalles fue que le alcanzó el dueto de cabeza en las últimas vueltas. Dejarse doblar en Suzuka es complicado, y más cuando te estás peleando por un punto que pondría la guinda, pequeña sí, al pastel de la remontada. Ignoró las banderas azules durante varias curvas y molestó (poco) a Hamilton, no tanto a Verstappen, cosa que sí haría Massa con el holandés. Pero, cosas de la vida y la F1, el español se fue de Japón con reprimenda y sanción en el particular carné por puntos de la élite del automovilismo mientras que al brasileño ni le investigaron. Otro esperpento típico de los comisarios y de la FIA al que ya estamos acostumbrados, y que, por lo menos, no penalizará la carrera de Alonso en Austin, donde esperaba vivir una de las carreras más disputadas y emocionantes del año en todos los frentes..., bueno, en casi todos, porque lo de Sauber en 2017 empezaba a rozar lo vergonzoso.

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