Previa Alemania 2018: ¿Qué pasó en 2016?

Sí... en 2016, porque en 2017 no hubo GP de Alemania y, ojo, que su continuidad tras 2018 no está clara. Hace dos años, otra 'pole' de Rosberg y otra salida decepcionante del germano permitió a su compañero ganarle la partida. Hamilton volvió a ser, como en Hungría 2016, un reloj. En Hockenheim no dio ninguna opción a nadie y lideró la prueba desde que se puso primero. El británico había vencido las últimas cuatro carreras y había dado la vuelta a una clasificación de un mundial que dominaba con claridad gracias a los 19 puntos que sacaba a Nico. El accidente entre los dos Mercedes en Montmeló parecía favorecer más a un alemán lanzado a por su primer (y único) título pero no fue así. Desde entonces, a Lewis sólo se la escapó la victoria en la cita inaugural de Bakú, y por problemas mecánicos. La cita en tierras alemanas era el lugar perfecto para que Rosberg se reivindicara de nuevo: en su casa y en la de su equipo; pero el gran triunfador fue un Hamilton que neutralizó la escasa amenaza que supusieron los Red Bull.

La valentía de Verstappen llegó a ponerle cerca del liderato. Una posibilidad que se fue esfumando poco a poco con un Mercedes inalcanzable. El holandés tampoco pudo contener a su compañero. La estrategia de Ricciardo y su ritmo le colocaron por delante de su joven vecino de garaje. Los austriacos sumaron su primer doblete en el podio en su cuarta carrera consecutiva colocando a alguno de sus coches en el cajón. Los pasos que estaban dando los de Milton Keynes y su motorista (Renault) les llevaban en la dirección adecuada y, además, aprovechando el declive o estancamiento de otros equipos. Por eso, ya eran la segunda escuadra con más puntos.

El alza de Red Bull sonrojaba a la 'Scuderia'. Su color rojo se oscurecía con un declive cada vez más visible. No es que Mercedes se escapara, que también; o que los austriacos mejoraraban, que sí, que también, era que Ferrari no levantaba cabeza. Ningún podio en tres carreras era un balance muy pobre para quienes aspiraban a pelear por un mundial ya imposible. Räikkönen estaba manteniendo el tipo pero Vettel, que mantuvo la quinta posición a pesar de fallar al frenar tras en el penúltimo paso por meta, se estaba sintiendo muy frustrado con un desarrollo inexistente en un coche que estaba empezando a ver como los de la bebida energética y la estrella se escapaban; y como se acercaban por detrás rivales que, en principio, no deberían haber supuesto ninguna amenaza. Suerte, para los italianos, que en ese grupo no estaban unos Williams que parecían estar pensando en 2017 y que en el marotoniano mes de julio para la F1 han sumado los mismos puntos que Haas, y que sólo habían superado RenaultSauber Manor.

La pelea por ser el tercer mejor equipo en la segunda mitad de este año, sin contar con los de Grove en esa lucha, parecía complicada para los que soñabam con alcanzar a Ferrari, sobre todo para un Toro Rosso que pagaba la falta de desarrollo de un motor de 2015. A pesar de ello, Sainz peleó con esas herramientas y podría haber luchado por puntuar si su equipo no hubiera cometido el enésimo error en una parada. Fallos que no estaban cometiendo en Force India, lo que les hacía ser los mejor colocados para ser ese tercer mejor equipo al final de temporada y ocupar una cuarta posición final en el mundial muy meritoria, y la mejor de su historia.

Ese grupo de aspirantes, más o menos realistas, a finalizar el año detrás de Mercedes y Red Bull (esperando el hundimiento completo de Ferrari), era McLaren. En Woking estaban potenciando las bondades de su coche, encontrando soluciones y acertando en el desarrollo, algo que también hacía Honda con el propulsor. Alonso Button ganaban confianza a pesar de que todavía no habían vivido una cita perfecta con ambos coches. En Alemania el británico fue la cara y el español la cruz. Unos pequeños errores de estrategia y las paradas de Fernando le acabaron costando no entrar en los puntos. El enfado del asturiano, lejos de recordar a los de 2015, me evocó los de etapas en los que luchaba por podios, victorias o mundiales. Él sabía que la apuesta por McLaren fue arriesgada y que entonces parecía dar sus frutos, y no quería perder nada de tiempo ni ninguna oportunidad para sentirse que puede tener un volante ganador. Las últimas citas de 2016 serían clave para vislumbrar si en 2017 la apuesta triunfaba o fracasaba, aunque ahora ya todos sabemos qué ocurrió.

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