Previa Baréin 2018: ¿Qué ocurrió en 2017?

Cuando todo parecía indicar que íbamos a ver a Ferrari más lejos de Mercedes y que 2017 iba a volver por los mismos derroteros de los tres años anteriores, algo ha pasado. Vettel no alcanzó en Baréin la primera fila de la parrilla como sí logró en Australia y China, y estuvo más lejos del tiempo de ambos hombres de la estrella. Pero aún así, los de Maranello confiaban en sus posibilidades. Las 'flechas plateadas' seguían siendo los más rápidos pero no eran los más fuertes en todos los aspectos. Los germanos solo parecían aprovechar sus virtudes en clasificación mientras que los italianos desplegaban todo un recital durante la carrera: salida, ritmo, degradación de neumáticos y estrategia.

Sebastian cumplió en los primeros metros al superar a un Lewis conservador. El alemán se veía con posibilidades detrás de un Bottas inexperto como líder de una carrera de F1. El finés retuvo a los dos favoritos del pasado mundial y Ferrari tiró de estrategia, arriesgó y ganó. Vettel paró antes que los Mercedes y, a pesar de un coche de seguridad nada oportuno para él, superó a Valtteri y metió en problemas a Hamilton. Lewis se equivocó al ralentizar a Ricciardo antes del 'pit lane' porque ni evitó que el australiano le superara ni que le sancionaran por tan inútil maniobra. Después de este momento el británico brilló pero ni con su exhibición de ritmo pudo con un Vettel que controló la carrera y lo hubiera hecho igual sin los 5 segundos de penalización al líder de Mercedes. El '44' era el número 1 de su equipo y Bottas, a pesar de la 'pole' del sábado, no parecía rival para él, y diría algo más: si no cambiaba se iba a convertir en un problema para que su compañero luchara por el mundial, tal y como ocurría con Kimi en Ferrari. Los dos pilotos fineses no estaban poniendo en aprietos a los rivales de sus compañeros y el que lo hiciera, que fue Bottas, podía convertirse en juez de un mundial que se intuía apretado y se iba a decidir por pequeños detalles.

Los dos hombres de Finlandia no cuajaron una buena actuación aunque Räikkönen sí que logró un buen ritmo a final de carrera que casi le permitió pelear por un podio que no había pisado aun en 2017. Sus últimas vueltas estuvieron al nivel de las de Vettel y hacían presagiar que, en cuanto disfrutara de un fin de semana sin sobresaltos, podría poner en aprietos a los Mercedes. Si no lo hacía (y Bottas tampoco se ponía las pilas) los Red Bull ya estaban dando pasos para pelear con los favoritos y no dudábamos de que aprovecharían cualquier posibilidad para hacerlo. Quizá Verstappen hubiera vuelto a subir al podio si su carrera no hubiera terminado de forma prematura porque sus frenos no estuvieron al nivel de su ímpetu; mientras que Ricciardo lo tuvo casi imposible tras una mala salida, una estrategia equivocada y un ritmo comprometido por el tráfico que se encontró por los dos motivos anteriores.

Tras los tres mejores equipos, como en Australia, volvió a estar un Massa que aprovechó su veteranía para inmiscuirse en la lucha de los mejores, y también que los que tenía por detrás se hundieron y sus perseguidores fueron pilotos que venían remontando. Pérez acabó detrás del brasileño tras recuperar 11 posiciones y Ocon sumó otro punto más cuando salía desde la 14ª plaza. Ellos, con su Force India, eran los únicos (junto con los dos Mercedes y Ferrari) que habían puntuado en las tres citas de 2017, y colocaban a su equipo en cuarta plaza del mundial, sobre todo porque el otro Williams, el de Stroll, sólo había dado 52 de las 170 vueltas disputadas porque en esa fecha todavía no había acabado su primera carrera de F1.

Para los comisarios de la FIA en Baréin, que el canadiense no acabará en Sakhir fue culpa de Sainz, y no era por que sea mi compatriota ni porque culpe al joven del equipo de Grove del incidente, pero la decisión me pareció absurda y, como mínimo, debatible. Los dos pagaron con el abandono su error: el del español un exceso de optimismo, y el del norteamericano una falta de precaución y vista. El choque fue evitable por ambos pero culpar sólo a uno era un error y más cuando en otras ocasiones ha pasado lo mismo y se ha culpado a la otra parte, o se ha considerado como un lance de carrera. Yo me hubiera quedado con esta segunda opción porque además era lo que la FIA y los organizadores de la competición prometieron. Nos dijeron que iban a permitir más lucha entre los pilotos y que tomarían menos decisiones administrativas tardaron muy poco en incumplir su palabra y, además, de una forma tan poco justa y discutible.

El golpe del madrileño acabó con la que podía haber sido una remontada al nivel de la de Pérez y con su séptima plaza en el mundial y la cuarta de Toro Rosso. Entonces eran sextos, pero no podían dormirse porque Haas parecía progresar y también Renault. Los coches franceses eran rápidos a una vuelta y, poco a poco, iban ganando rimo de carrera. Su progresión en Baréin dejaba en evidencia la nula capacidad de Sauber y la inexplicable situación que vivía McLaren.

Vandoorne ni salió y Alonso volvía a decir adiós cuando estaba a punto de completar una carrera peleando por las últimas plazas de puntos, aunque esta vez desde lejos. Parecía mentira que sea el 10º piloto que más vueltas haya dado y que su mejor puesto sea un 14º de mentira (ya que no vio la bandera a cuadros en Baréin). Todos esperábamos que sacaran algo en claro en los 'test' posteriores a la carrera y llegaran a Montmeló con soluciones que nos hicieran ver a un coche en condiciones porque a nadie sorprendería que un motor potentísimo se rompiera, pero que lo hiciera el más timorato de la parrilla era un bochorno que despierta a vergüenza de McLaren, de Honda y de toda la F1.

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