Azerbaiyán 2018: La suerte sonríe a Hamilton

Aunque el titular debe ser para el vencedor debo decir que casi resulta anecdótico que Hamilton haya ganado en Bakú. Es cierto que ha presionado desde la distancia a Vettel y que hay que estar ahí para aprovechar la ocasión pero no lo es menos que los últimos incidentes le han venido de perlas. Está claro que es una locura pensarlo pero parece que todo lo que hace Verstappen perjudica al que ya no es líder y ayuda al que sí lo es.

En las tres citas anteriores he sido bastante comedido con el comportamiento del holandés pero el vaso de mi impaciencia se ha llenado, sobre todo por la permisividad de los comisarios, de la FIA y de su equipo. Max se equivoca porque confunde la agresividad con la falta de respeto y encima no le cortan las alas. Se salta una curva y ni le investigan. Cierra a su compañero y se mete donde no hay hueco una y otra vez... y nada. Acaba cambiando de trayectoria más de dos y tres veces hasta que provoca que Ricciardo se estrelle contra él, ¿y qué? Nada. Una triste reprimenda después de una carrera en la que ha ejercido de villano y que ha provocado, otra vez, un desenlace contrario a los intereses de Sebastian.

Una cosa es poner picante y animar las carreras, y otra muy distinta es faltar el respeto a tu compañero, a todos los que trabajan en tu equipo y poner en peligro tu integridad física y la de otras personas. El comportamiento de Verstappen es inexcusable. El "él es así" no vale. Se puede ser agresivo o más osado que el resto, más contundente o más arriesgado; lo que no se puede es justificar que esas aptitudes se conviertan en un peligro para los demás y que además se convierta en juez de todas las carreras por sus maniobras estúpidas.

Max fue el que hizo más movimientos reprochables pero no el único. Ocon se equivocó cerrando a Kimi y lo pagó con el abandono; Ericsson jugó a los bolos en la segunda curva; Hülkenberg provocó el abandono de un Sirotkin al que hizo chocar y dañar al coche de Alonso, para después acabar contra el muro, quizá por un pinchazo lento al rozar el alerón del español; y Grosjean yéndose solo contra el muro de el segundo coche de seguridad y diciendo que alguien le había echado cuando iba solo..., lo del francés y su forma de no admitir sus errores es una lección de todo lo que no hay que hacer.

El caos creado por el choque entre los Red Bull le vino perfecto a un Bottas que no había cambiado sus neumáticos para parar y salir por delante de Vettel. El Ferrari había dominado toda la carrera y al relanzarla después del 'safety car' quiso recuperar esa posición, se pasó y perdió hasta el podio ante un sorprendente Pérez que aprovechó la primera cita competitiva del Force India para subir al cajón. Adiós victoria, podio y liderato para Sebastian, que ha dominado más vueltas que nadie en cada uno de los 4 grandes premios disputados. Podía haber ganado los cuatro pero las maniobras ajenas, sobre todo, han hecho que él haya perdido muchos puntos y que Hamilton los haya ganado.

La sinrazón de Verstappen afectó indirectamente a Vettel de forma negativa y también al que tuvo la victoria en su mano. Bottas se benefició de su estrategia y del fallo del germano para liderar la carrera, un liderato efímero porque pinchó con los restos de la batalla entre los Red Bull al final de recta y se quedó sin la victoria que si sumó su compañero. Lewis fue el que más y mejor pescó, pero no el único. Räikkönen acabó segundo tras chocar con Ocon y ser 13º en la primera vuelta; Pérez tercero después de que los incidentes de la primera vuelta le dejaran en 15ª posición; y Stroll y Hartley (su primer punto en F1) que inauguraron su casillero, en el caso del canadiense también para Williams.

Estos dos últimos pilotos podían estar contentos pero mucho más lo estaba Leclerc. El monegasco ha enseñado lo que puede hacer con el peor coche de la parrilla y sí, en una carrera con muchos incidentes, pero siempre estando entre los mejores. Su sexta posición fue muy trabajada y demuestra que quienes pensamos que tiene madera de campeón no nos equivocamos. El campeón de la F2 en 2017 peleó con promesas consagradas y leyendas con un ritmo competitivo y una madurez que ya quisieran algunos.

El de Sauber acabó entre los dos españoles. Sainz aprovechó el buen ritmo del Renault para llegar a soñar con rozar el podio. Peleó con los Red Bull, se mostró rápido y agresivo, y no cometió ningún error. Su quinta plaza acerca a su equipo a un McLaren que se mantiene en cuarta posición del mundial por pura suerte. Carlos demostró que no están tan lejos del coche austriaco y que están aprovechando su propulsor para progresar, no como están haciendo en Woking.


Alonso estuvo muy cerca de abandonar en la primera vuelta pero con mucha habilidad logró conducir con un coche que llegó al garaje sin dos neumáticos y con el fondo plano destrozado. Parecía un milagro que llegara, que saliera, que rodara y qué decir de acabar séptimo. Que Vandoorne fuera noveno es una anécdota tras una carrera desastrosa en la que volvieron a ser lentos en clasificación y en la que, aunque mejoraron el domingo, volvieron a ver como los equipos que empezaron el año por detrás les superan. Si en España no llega una revolución y se acercan al rendimiento de los mejores, la crisis en McLaren puede ser antológica.

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