Previa Bélgica 2017: ¿Qué ocurrió en 2016?

Los más "penalizados" el viernes y el sábado con los cambios de motor tenían en mente hacer algo que no parecía muy difícil: ganar posiciones. Último y penúltimo estaban obligados a remontar, pero ni ellos se imaginaban que tanto. Hamilton Alonso, que ya tenían (y tienen) bastante experiencia en esto de la F1, lograron sus segundas mejores remontadas hasta la fecha. Vale que las circunstancias ayudaron a sus estrategias, que otros erraron en sus decisiones, o los problemas les impidieron contener a los dos mejores pilotos de la parrilla. Las primeras vueltas del español fueron un espectáculo en el que hasta el vigente campeón y líder del mundial fue una de sus víctimas. En las siguientes fue Lewis el que aprovechó las bondades de su coche para acumular adelantamientos y posiciones recuperadas hasta alcanzar un podio que parecía un sueño.


El premio para Alonso tenía pinta de ser un punto (y gracias) pero fue algo más, bastante más. Rozar el podio era una utopía y se veía que otros rivales con motores más potentes iban a dar cuenta del McLaren hasta devolverlo a donde estaban instalados ahora: la sexta plaza del mundial de constructores. Con los 10 coches que teóricamente están por delante, el español se veía abocado a sufrir por puntuar pero luchó como sabe y aprovechó las herramientas que tenía para lograr una séptima plaza muy meritoria. Herramientas como un monoplaza que seguía dando señales de mejoría, cortas pero muy firmes, y que permitían a los de Woking encarar el futuro con esperanza e ilusión. Eso sí, recorrer el camino hacia la victoria parecía más duro y largo de lo que se prometió en principio.

Hamilton y Alonso fueron los "vencedores" morales pero las dos plazas más altas del podio fueron para un rotundo y sólido Rosberg; y un acertado Ricciardo. El alemán tenía casi asegurada la victoria pero la remontada de su compañero evitó que Nico recortara más puntos a su único rival por el título. Apenas le vimos pero su carrera, con un Mercedes aún más dominante, fue brillante.

Si el germano brilló puede que Ricciardo lo hiciera aún más. El australiano evitó meterse en líos, se centró en su ritmo y en su estrategia. El resultado: una segunda plaza que le consolidaba como perseguidor de los Mercedes. Su tercer podio consecutivo tenía un gran valor para Red Bull.

Gracias a sus 18 puntos reforzaba su candidatura al subcampeonato mientras su compañero se dedicaba a batallar con media parrilla. Verstappen tenía muchas bondades: rápido, agresivo y con capacidad de mejora; pero no se podía (ni se puede) defender que todo lo que hace lo hace bien. Creo que el toque en la primera curva no tenía un culpable claro pero sí entiendo que Max se descentró y eso le llevó a cometer algunos errores, sobre todo en su lucha con Kimi: su movimiento en Kemmel cuando el finés ya había iniciado su maniobra de adelantamiento fue inaceptable. Un exceso de celo en su carrera "de casa" que le dejó sin puntos y con demasiadas polémicas en su equipaje.

La guerra de Verstappen con Ferrari impidió a los de Maranello ocupar su posición natural en este momento. Spa-Francorchamps dejó claro que Red Bull estaba por delante, con diferencia. En pistas en las que el motor contaba más, en las que la aerodinámica era más importante, o el chasis; en todas se veían superados por el coche de la bebida energética. Además, el papel de uno de sus pilotos estaba dejando bastante que desear: Vettel estaba volviendo a mostrar la cara que vimos en su última temporada con los austriacos. Sebastian es un gran piloto y lo ha demostrado en muchas ocasiones pero estaba cayendo en los errores que en otros momentos hemos criticado en otros. Se quejaba por todo y de todos, con y sin razón, y no traducía esa agresividad en resultados en la pista. Quizá estaba viendo que su apuesta por Ferrari tendría el mismo resultado que en el caso de Alonso; que el equipo del español cada vez estaba más cerca del suyo; o que su exequipo había superado los problemas y tenía mejor coche que el italiano... que llevaban cuatro carreras sin oler el podio, y justo antes de la carrera de casa.

El pobre resultado de Ferrari permitió a Force India dar el salto que les faltaba para alcanzar la cuarta plaza del mundial de constructores. Su tímido inicio de temporada les lastró, pero tras la llegada de su coche definitivo para 2016 empezaron a rendir a un nivel excelente. Si a eso sumamos que Hulkenberg Pérez son dos grandísimos pilotos, y que el equipo estaba mejorando la forma de entender y preparar las carreras; podían terminar siendo una amenaza seria para los tres equipos que tienen el podio como objetivo permanente. Un grupo del que se había caído Williams, un coche que sólo corría en recta y que, superados por Force India, veían cómo McLaren puede ser una amenaza a podía amenazar su quinta plaza. Su mal trabajo desde el podio de Bottas en Canadá era injustificable.

Mal trabajo, y también mala suerte, la de Toro Rosso. El rendimiento de los de Faenza estaba muy lejos de lo deseable. No sólo les había superado McLaren, también parecía que Haas Renault (sin el tremendo susto de Magnussen podía haber buscado volver a puntuar) les podían complicar la vida. Kvyat no levantaba cabeza y Sainz se frustraba luchando con un coche en clara línea descendente, contra los constantes fallos del equipo y contra los elementos. Su pinchazo en Spa al inicio de la vuelta ya era una mala noticia, pero que los restos del neumático destrozaran su alerón trasero era para flagelarse... Puede que el español no hubiera alcanzado los puntos pero estaba en disposición de volver a intentarlo, algo de lo que estoy seguro que muchas personas estaban tomando nota. Menos conclusiones se podían sacar del debut de Esteban Ocon en una carrera de F1. Discreto y cumplidor el francés que, al menos, no se llevó por delante a Button, algo que si hizo un nervioso Wehrlein.

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