Previa Mónaco 2017: ¿Qué ocurrió en 2016?

La esperada lluvia otorgó a la carrera de Mónaco de 2016 de una dosis de emoción extra en la pista del mundial en la que es más complicado adelantar, aunque para ello tuvimos que esperar un buen puñado de vueltas. Charlie Whiting volvió a arrebatarnos una salida sobre pista mojada. Sé que algunos lo entendieron y entienden pero, para mí, es una decisión errónea. Creo que se puede y debe idear otro sistema que no nos robe uno de los momentos más emocionantes de cada cita, y que tampoco añada peligros añadidos para los pilotos. Quizá sería más adecuado que los coches diesen la vuelta de formación para probar el agarre y la visibilidad, y que dirección de carrera les escuche para tomar una decisión. Si la mayoría de los corredores dan el visto bueno, semáforos rojos y a pilotar; y sí es que no, paramos máquinas, un grupo reducido de mecánicos vuelve y en 10 minutos a probar de nuevo: se da otra vuelta (se resta a la distancia total de carrera) y así hasta que se pueda tomar la salida. Nos evitaríamos un espectáculo bochornoso y ganaríamos en emoción y seguridad. Sí, también en seguridad. Rodar detrás del coche de seguridad durante esas vueltas hace que se pierda la temperatura ideal de funcionamiento de componentes como los frenos y los neumáticos. Hasta aquí mi pataleta contra Whiting y la FIA.

Red Bull demostró en un fin de semana como se puede dominar un gran premio y tirarlo todo por la borda en unos segundos. 44 (el número de moda de la cita monegasca de 2016) carreras después, los austriacos (y Renault) volvían a la 'pole'. Ricciardo se estrenaba en la primera posición de la parrilla de salida y, aunque le robaron las primeros giros sobre pista mojada, se escapó con facilidad de un Rosberg con un ritmo nefasto. El australiano, por contra, lo tuvo tremendo. Hasta con una estrategia errónea hubiera ganado de calle, pero su equipo le condenó en un cambio de neumáticos en el que sus "nuevos zapatos" todavía estaban en la caja. Se reincorporó a pista detrás de Hamilton y ahí se tuvo que quedar. Daniel intentó superar a Lewis y podría haberlo hecho, pero el británico cerró la puerta superando el límite de lo legal al saltarse la 'chicane' del puerto y apretar después al australiano hacia el muro, una maniobra bastante discutible. Una lástima para los de la bebida energética que por otro lado vieron como su otro coche, el de Verstappen, se iba contra los muros el sábado; y también el domingo cuando estaba remontando de forma espectacular desde su posición de salida en el 'pit lane'. El holandés ganó en España y buscaba 'doctorarse' en Mónaco pero tenía que serenarse aún más para lograr acabar una prueba en uno de los circuitos más exigentes de la Fórmula 1.

En Mercedes vivieron una ligera decepción con Rosberg. No pudo buscar su cuarto triunfo consecutivo después de perder temperatura en sus frenos y neumáticos mientras rodaba detrás del coche de seguridad. Los problemas le obligaron a ceder su puesto a Hamilton y le fueron relegando poco a poco a posiciones más modestas. Generoso Nico que permitió a Lewis optar a la victoria final gracias al fiasco de Red Bull con Ricciardo y a la nula capacidad de Ferrari para igualar el ritmo de los mejores. Por eso, aunque la carrera del británico fue buena, no me voy a entretener comentándola porque no la puedo poner al nivel que muchos la ponen, ni compararla con la de alguno de sus rivales. Hamilton pilotó bien pero se encontró con la victoria.

Sí le voy a dedicar tiempo al equipo de Maranello que, paso a paso, se alejaba de una lucha a la que siempre aspira. Después de un 2015 en la buena dirección y unos test "prometedores", 2016 avanzaba sin remisión hacia un nuevo fiasco. Mónaco tuvo de todo: problemas de fiabilidad que relegaron a Kimi al corazón de la parrilla de salida; el finés se equivocó en la primera vuelta sin el coche de seguridad; y Vettel no pudo acercarse al podio por ritmo ni estrategia. Red Bull ya demostró en Montmeló que podía complicar la vida a los Ferrari, y en Mónaco, con el remozado motor Renault, les pasaron por encima. Lo más preocupante para los italianos no sólo fue algo que todos esperábamos, fue ver como Force India y Toro Rosso (¡con el motor Ferrari de 2015!) estavieron muy cerca de su nivel en clasificación y hasta por delante en carrera, y con unos McLaren Haas menos lejos de lo previsible. La 'Scuderia' se alejaba de la cabeza y en cada cita veía como se multiplicaban unos enemigos que a principio de temporada parecía que no les inquietarían. Quedarse fuera del podio por primera vez en todo 2016 era algo más que una señal, era una evidencia.

Y si en evidencia quedó Ferrari, ¿qué decir de Williams? Un desastre absoluto. El punto que sumó Massa fue demasiado premio para un fin de semana en el que dejaron claras sus deficiencias y algo más: estaban pensando en 2017 desde hace mucho, y no lo debieron de hacer muy bien porque su tendencia sigue siendo a la baja.

Una situación muy diferente vivió el equipo que se coló en el podio y el que pudo hacerlo. Pérez aprovechó un Force India que fue de maravilla todo el fin de semana para subir al cajón con total merecimiento. El mexicano llegó a dar síntomas de acercarse al dueto de cabeza y controló sin problema al único Ferrari superviviente.

El único rival para Sergio (además de su compañero) fue Sainz. Un error de su equipo con la estrategia y en una de sus paradas en 'boxes' privó al español de disputar el podio a 'Checo' Pérez. El de Toro Rosso condujo de forma impecable y se tuvo que conformar con una octava plaza que pudo haber sido el primer podio del madrileño en F1.

En medio de la nada estuvo McLaren. Su mayor deficiencia, el motor, con menos peso en las calles monegascas les permitió pelear para entrar con solvencia en Q3 y para optar a los puntos. La estrategia, común y particular; y la experiencia y calidad de sus pilotos pesó mucho más que su insuficiente propulsor, flojo chasis y una aerodinámica que, al principio, parecía mejor de lo que es. Alonso supo leer la jugada de su equipo, que "sacrificó" a Button, y la llevó un paso más allá para acabar quinto, una posición mucho mejor de lo que seguimos pudiendo esperar de los Woking.

No me quiero olvidar de unos Haas que no respondían a las expectativas creadas en las dos primeras carreras; un Renault que no aprovechó el propulsor retocado en uno de sus coches, mientras que en el otro asistimos a un nuevo fiasco que volvía a poner en duda el asiento de Palmer; tampoco de unos Manor que se empezaban a dejar ir; y, por último y no menos importante, de Sauber. El equipo suizo era una guerra entre varios reinos de taifas que buscaban su beneficio propio cuando estaba a la vista que era imposible sacar nada bueno de forma individual en un conjunto que se hundía.

Así fue Mónaco en 2016, una carrera siempre emocionante que ganó en espectáculo con la lluvia (cuando la FIA lo permitió), y en la que Hamilton, Pérez y Alonso pescaron ante los fiascos de los equipos que hundieron las carreras de Ricciardo y Sainz, y los problemas de fiabilidad de Rosberg y Kimi. Todo, con unos supuestos neumáticos "ultrablandos" que demostraban ser una nueva apuesta conservadora de Pirelli y la FIA que en 2017 se ha multiplicado aún más.

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