Previa China 2016 II: Recordemos 2015

La temporada 2015 se convirtió en la de los "pasos". Adelante, hacia atrás, grandes, pequeños, de gigante, sorprendentes, esperados, fortuitos... Los había de todos los tipos y con múltiples protagonistas, algo que, hasta ese momento, nos ofreció bastantes variables de una carrera de F1 a otra. Aunque, a simple vista, vimos que la cita en Shanghái tuvo mucho parecido con la de Australia, lo observado en China nos daba muchas razones para pensar que no era así. Es cierto que el podio fue exacto al de Melbourne y que, sin el abandono de Kimi en la primera carrera, hasta las 5 primeras posiciones podían haberse repetido. Había muchas similitudes y también muchos matices que las diferenciaron.

El primer matiz es que Mercedes retomó su hegemonía después de la contundente victoria de Vettel en Malasia. La abrumadora exhibición de los campeones en Australia puede que les hiciera dar un par de pasos hacia atrás, por aquello de la fiabilidad, de verse superiores y, quién sabe, por no abusar. Entre ese recato y el calor de Sepang, Ferrari aprovechó para confirmar que en 2015 serían los encargados de pescar cuando Hamilton Rosberg dejasen la presa sin cazar. Los alemanes iban con velocidad de crucero e iba a ser difícil que los italianos les alcanzarán pero está claro que los de Maranello eran los ganadores de esta particular "guerra de pasos". En sólo tres citas superaron con solvencia y sin sufrimiento el número de podios que Alonso logró en 2014 pasado con un F14-T que, en los grandes premios más favorables para ellos, era el 4º coche.

Williams reculó mucho ese invierno pero gracias a su estrecha relación con Mercedes vieron como, en China, pudieron recuperar parte de esos pasos perdidos. Se quedaron atrás, estancados en una progresión que no terminaron de cerrar en 2014 y que convirtió en involución para 2015 y, como vemos ahora, 2016. Pero claro, a su suministrador de motores le interesaba (y le interesará) que sus clientes estén más cerca y que hagan que la amenaza de Ferrari u otros equipos se diluya aún más. En Shanghái no llegaron a poner en apuros el podio de Vettel, pero sí su posición en parrilla. Con Massa Bottas entre los Mercedes y los de Maranello está claro que Rosberg y Hamilton iban a respirar mucho más tranquilos.

Pero si los de Grove perdieron terreno, qué decir de los de Milton Keynes. Cuando muchos esperábamos que los titubeos y problemas iniciales de Red Bull diesen paso a una mayor contundencia, a una reacción, nos encontramos con la carrera de China. Aunque parezcaexagerado, entonces eran los ganadores (negativos) de esa guerra de pasos. En un mes de temporada pasaron de ser la alternativa y la amenaza para Mercedes a un espejo con dos caras en el que se miraba la otra decepción de estas primeras semanas: McLaren. Los de Woking se veían reflejados en los coches de la bebida energética porque compartían concepto y aspiraciones, y también porque no querían que a su proyecto le pase lo mismo: que una ambiciosa aerodinámica ahogara el rendimiento de un motor problemático.

El Red Bull sufrió para puntuar en las primeras carreras de 2015. Su involución respecto a 2014 era clara, y su guerra con Renault podía acabar con una de las relaciones más fructíferas de la F1. Pudimos establecer muchas comparaciones con su equipo "espejo" y, lo normal, era que el perjudicado fuera el recién llegado y no el original, pero no fue así. El mayor consuelo de McLaren, además de acabar la carrera con sus dos coches, fue que, en China, llegaron a plantar cara y poner en aprietos a un coche que hereda las señas del éxito durante un lustro. Las desgracias de uno no se tenían por qué repetir en el otro, y eso era lo que querían en Woking: aprovechar las deficiencias de su ejemplo para evitar errores y tomar prestado un concepto ganador, difícil de llevar a cabo, pero ganador.

Cada vez era más negativo con el planteamiento de McLaren y Honda con su nueva relación pero ni con ese pesimismo conseguía eliminar las buenas sensaciones que me transmitía un proyecto criticado hasta el hartazgo. En un deporte en el que el fin último es ser más rápido que nadie es una contradicción tomarse las cosas con calma y pedir paciencia, es cierto, pero mientras todo se cree gracias al ingenio y el trabajo humano es lo más sensato, diría más, lo único sensato. Como siempre digo: "Soy 'ferrarista', pero ante todo, me gusta la F1"; y por eso me fastidiaba que McLaren no sea una maquina competitiva desde el minuto cero, como me molestaba la distancia que ha perdido Williams y el abismo que se dejó Red Bull. Soñé con una competición que en 2015 no tuviese 5 equipos capaces de ganar el mundial, pero que sí me hiciese pensar que la tendría en 2016. No me resistía a dejar de pensar así, por esas fechas, porque la realidad me devolvió poco a poco a dar otro año de plazo y esperar a un 2017 con más lucha. Ya en 2015 creía que la F1 se jugaba gran parte de su credibilidad, de su viabilidad... de su futuro. Entonces esperaba que en los meses que nos restaban de 2015 lograran crear expectativas de lucha para los siguientes ejercicios porque, como ya vemos en 2016, podía ser un golpe difícil de remontar, aunque sea gracias a otra gran pirueta más realizada en este 'gran circo' que es la Fórmula 1.

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