Italia 2015: La carrera más lenta del año

El titular miente y, al mismo, tiempo no lo hace. Hamilton se llevó la victoria en Monza en 78 minutos y esperó otros 158 para que la FIA confirmará que siguen siendo unos chapuceros terribles. En lo deportivo, la carrera se resumen rápido en unas pocas claves. La primera, que Lewis dominó todos los entrenamientos, todas las rondas de clasificación, salió primero y se mantuvo en esa posición durante todo el gran premio, lo ganó y marcó la vuelta rápida. Si hubiera una categoría superior al 'grand chelem', eso es lo que Hamilton logró en Italia. Por detrás, Kimi desaprovechó una gran segunda posición para quedarse clavado en la salida y pasar la primera cuerva en última posición. El finés luchó para remediar su error hasta terminar 5º, en parte porque el otro gran damnificado tras la salida, Rosberg, cerró un fin de semana aciago cuando el motor de su Mercedes dijo basta a tres vueltas del final. Primer abandono de uno de los hombres de la marca de la estrella que otorga otro podio a Massa y una ventaja tremenda a su compañero para que consiga su tercer título. Algo que, a este paso, podría lograr en México o, incluso, en Estados Unidos si repite la racha de 4 triunfos que el británico encadeno en 2014 (Singapur, Suzuka, Sochi y Austin).

Pocas peleas tuvieron algo de incertidumbre gracias al diferente rendimiento de neumáticos entre coches: usados y nuevos, blandos y duros; y sobre todo, a la inferior capacidad de los motores Renault y Honda, frente a unos poderosísimos Ferrari y Mercedes. Una situación que hace que se vivan dos guerras internas: la de Red Bull con los galos; y la de McLaren con los japoneses. Dos peleas que pueden hacer que los austriacos se unan al club Mercedes, sobre todo si cuaja la compra de Lotus por parte del motorista francés; y que los de Woking y la marca nipona acaben tirándose los trastos a la cabeza. Una lucha que no beneficia nada a la imagen de ambas marcas y que puede hacer que un proyecto ilusionante se convierta en un fracaso histórico. Un fiasco que Button y Alonso intentan esconder desde el principio pero que, poco a poco, saca a la luz la realidad y hace que ambos se muestren cada vez más críticos con una situación llena de promesas que la prensa y la afición traduce en unas expectativas que, a los dos pilotos, les empieza a sacar de sus casillas.

Desesperación que viven en McLaren y que ayer viví, otra vez, con la FIA. No, no aprendo. Nunca dejará de sorprenderme la capacidad que tiene esa bochornosa federación repleta de inútiles con privilegios y manipuladores sin rumbo. Me he aguantado bastante este año al no hablar de los cambios de reglamento a mitad de temporada y de las disparatadas formas de aplicar esas reglas tan inconstantes como, a veces, estúpidas. Un total despropósito con el que no parecían haber quedado contentos. Por eso, en un alarde de ineptitud decidieron investigar las presiones de los neumáticos a su manera. Detectan datos ilegales en ambos Mercedes antes de la salida y ¡primera sorpresa! Les dejan salir. Si, por motivos de seguridad, esas ruedas no estaban en las condiciones requeridas, ¿por qué les dejan competir? Hamilton y Rosberg compiten, y el que llega, es investigado. Dos horas y media de esperpento que finaliza sin consecuencias, menos mal, pero con un comunicado en el que la FIA admite que han hecho una tontería. ¿Era necesario mantener el resultado de una carrera en el aire por un error de la organización? No, ni mucho menos. Lo triste de todo es que volverán a meter la pata y muchos, entre los que me incluyo, volveremos a alucinar con las decisiones erráticas de una federación con décadas de historia que se comporta como el delegado de una clase de párvulos.

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