Alonso... no todo al rojo

Hoy se han confirmado dos secretos que no tenían nada de oculto, que se necesitaban el uno al otro. El primero, que Alonso abandona Ferrari, su etapa vestido de rojo ha durado media década en la que no ha conseguido competir con un coche con posibilidades de ser campeón del mundo. A pesar de todo, deja momentos para el recuerdo como ese debut con victoria, los triunfos en Valencia, Monza y Montmeló y tres subcampeonatos, dos de ellos con posibilidades reales de haber arrebatado el título a Vettel. La conjunción con los de Maranello fue casi perfecta, pero los errores de estrategia, el pobre desarrollo de los últimos modelos y las ganas de volver a ganar han podido más. Por eso, la relación de Alonso con Ferrari ha llegado a su fin. Por eso y por el final de una era protagonizada por Domenicali, Montezemolo y Emilio Botín. Sin esperanzas, apoyos ni posibilidades de optar a un nuevo campeonato mundial, el adiós se empezó a fraguar en verano, al mismo tiempo que el piloto pensaba en su futuro y Ferrari en su sustituto.

Y ese es el segundo secreto. Vettel ha sufrido en Red Bull una temporada dolorosa, con un coche lejos de los mejores y un compañero que lo ha aprovechado mucho mejor. Ricciardo ha sido el único capaz de ganar una carrera sin un Mercedes, de inquietar desde la distancia a Hamilton y Rosberg. Sebastian no ha estado en la lucha por el triunfo y apenas se ha dejado ver por el podio... un botín muy escaso para alguien que acababa de sumar 4 títulos consecutivos. Desconcentrado, perdido, malhumorado y desmotivado. Así estaba Vettel hasta que se ha abierto la puerta de emular a su compatriota, a Schumacher, de llegar a una Ferrari en horas bajas para devolverla a lo más alto. Para afrontar tal reto tendrá a su lado a uno de sus "amigos" en la parrilla, a un Kimi que, visto lo visto este año, será más fácil de batir que a Ricciardo. Un apoyo y un rival en horas bajas perfecto para cargar de paciencia al alemán porque que los de Maranello vuelvan a ganar en 2015 parece una utopía.

Como ferrarista me hubiera gustado ver a un compatriota triunfar vestido de rojo pero no ha sido así. Seguiré con la esperanza de verlos mejorar, de poder apostar al rojo pero entiendo que Alonso no apueste todo a este color. Quizá su despedida sea la mejor decisión para un equipo necesitado de nuevas ideas, de nuevas mentes, de una inyección de motivación y aire fresco que les haga espabilar para no hundirse más y volver a vivir los duros años que cerraron los 80 y abrieron los 90.

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