Rosberg admite su culpa y ¿Hamilton?, parece que también

Han tenido que pasar 6 días para que una reunión entre los dos pilotos de Mercedes y los responsables de la escudería surta el efecto deseado, o casi. Toto Wolff ha hecho lo que tenía que hacer y se reafirma sobre todos los demás, en especial ante Lauda; Rosberg ha admitido lo que era evidente; pero Hamilton ha tardado en romper su silencio sobre demasiados temas. Lewis lanzó una acusación absurda al culpar a su compañero de haber chocado con él a propósito, ha parado las negociaciones sobre su renovación y guardaba un silencio extraño en el británico. Tanto, que es el equipo el que habla por él.

Como en otras ocasiones, todo se puede valorar, pero creo que Hamilton ha querido repetir la jugada que le valía cuando era el ojito derecho en McLaren... y ha errado. Y lo hace porque no está en un equipo inglés, su jefe no es su principal valedor, su compañero está jugando muy bien sus cartas y ya no es un novato al que se le puede perdonar parte de sus equivocaciones. Aunque, bien aconsejado y presionado, ha rectificado sus palabras y ha recapacitado sobre su futuro, porque una pataleta así le podría costar el puesto en el equipo que más posibilidades tiene de dominar la etapa que ha comenzado este año en la F1.

Veremos como acaba un culebrón del que se está beneficiando Ricciardo, que ha pasado de ser una alternativa para las migajas del pastel que se come Mercedes para intentar robarles toda la tarta. Una guerra que no está cerrada a pesar de tantas reuniones, silencios y declaraciones, y de la que alguien saldrá maltrecho porque no recuerdo ninguna guerra en la que ganen los dos bandos y no haya heridos a ambos lados de la trinchera. Al menos, gracias al montón de mensajes positivos y de calma de hoy, puede que esas heridas no necesiten nada más que el paso del tiempo para curarse.

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