Previa F1 2014 V: ¿Quién dijo feo? (Segunda parte)

Fangio ganando la carrera de Reims (Francia) en 1954 con su Mercedes W196s.
Puede que la década de los 70 fuese la época con más diseños esperpénticos de la F1, pero antes ya pudimos atisbar algunos ensayos, cuanto menos, curiosos. Los primeros años fueron tranquilos, pero en 1952 el Veritas R  revolucionó el aspecto de los monoplazas. Hasta entonces, todos tenían sus 4 ruedas descubiertas y la posición del piloto estaba centrada. Este modelo germano introdujo una nueva forma de entender la fabricación de coches de carreras que fue el precursor del EMW R2 de 1953 o el mítico Mercedes W196s con el que Fangio logró 3 victorias entre 1954 y 1955 que le ayudaron a lograr el mundial en aquellas temporadas.

Pero esta belleza de la marca de estrella no fue interpretada de la misma forma por todos, y antes de que terminase la década vieron la luz dos extraños monoplazas. El último de ellos el Fry F2 en 1959 podría ser considerado el precursor de las largas aletas que llegaban hasta el alerón trasero que empezamos a ver en 2006 y se popularizaron entre 2007 y 2010. Pero si hay que elegir un modelo que llame la atención ese es el Connaught Bs de 1955.


Los 60 llegaron con muchas más ocurrencias. Quizá la más recordada y la que más influyó en la Fórmula 1 moderna fue la inclusión de los alerones delanteros y traseros. Modelos de 1969 como el BRM 138 o el Matra MS10, son un ejemplo perfecto de esta nueva moda que se convirtió en norma; pero el mejor exponente de estos primeros pasos hacia la profusión de elementos aerodinámicos es el McLaren M7C y algunas de las "estanterías" más prominentes de la F1.

El último año de la década de los 60 nos dejó el único y fugaz intento de Mike Costin y Keith Duckworth (Costin + Duckworth = Cosworth) de fabricar su chasis para uno de sus motores. La aventura terminó pronto porque el Cosworth 1 sólo intentó participar en Silverstone pero el veterano Trevor Taylor no pudo tomar parte en la sesión de clasificación. Si nos fijamos en su aspecto no nos extraña mucho que la criatura apenas pudiese dar unos giros y que los británicos se diesen por vencidos como constructores para centrarse en su tarea como proveedores de motores.

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