Capítulos de Historia X: Dorsales II

Stirling Moss ganá el GP de Estados Unidos a bordo
de su Lotus con el número 5 el 20 de noviembre de 1960.
Después de analizar la década de los 50, nos acercamos un poco más en el tiempo, hasta los 60. En estos años seguimos viendo mucho recelo en el uso de los números impares y sobre todo del número 1, aunque también empezamos a vislumbrar formas de identificación cercanas a las que se instaurarían tiempo después.

De las 10 carreras disputadas en 1960, sólo en 3 se pudo ver al número 1: Silverstone, Indianápolis y Zandvoort, ya que en Riverside tomaron partida todo tipo de números excepto el primero. Todas las demás seguían manteniendo la regla de no bautizar a ningún monoplaza con aun número impar. La tendencia se mantuvo en los mismos términos, con la despedida de las 500 Millas en Indianápolis y el regreso de la cita germana en 1961, que tampoco vetaba a los múltiplos de dos en sus listas de pilotos.

Graham Hill celebra la última de sus 14 victorias en la F1 con el número 1
en su Lotus por las calles de Mónaco el 18 de mayo de 1969.
Bélgica se unió en 1962 a las carreras que permitían usar todo tipo de cifras en las carrocerías de sus coches, Mónaco en 1963, Francia en 1967 (en el 68 volvieron fugazmente a los pares) e Italia sólo en 1968. Es curioso que mientras estas citas empezaban a usar cualquier número de dos dígitos, Holanda dejó de hacerlo para permitir sólo los múltiplos de 2 entre 1962 y 1966. Sudáfrica, México, Austria y Canadá se unieron al calendario, y España regresó, en estos años sin ninguna restricción. Así llegamos a 1969, la antesala de los dorsales fijos, primer año en el que el campeón de la anterior temporada (Graham Hill) siempre luciría el 1 en su coche (con la excepción de Monza en la que el número más bajo disponible era el 2). Además, el compañero de Hill, Jochen Rindt, solía llevar el 2, lo que denotaba una tendencia a agrupar los dorsales por equipos.

Moisés Solana el 27 de octubre de 1963 en México con el 13 en su BRM P57.
El 13 ya infundía respeto en aquellos primeros años, y es que desde que lo usará Mauritz Von Strachwitz en Alemania 1953 sin conseguir clasificarse para competir, pasaron 10 años hasta que otro piloto se atreviese: Moisés Solana en su país, México, en 1963 logró disputar casi todas las vueltas. Nadie más en esas dos décadas lució esta cifra. Si un número menos, el 12, fue el dorsal del primer Ferrari victorioso en 1951, Bruce McLaren lucía el 5 en Spa en 1968 para subir a lo más alto del podio con un coche con su nombre.

Jo Bonnier luce el 2 el 3 de junio de 1962 con el Porsche 718 para ser 5º.
Mónaco y sus dorsales fijos. La carrera del principado es especial por muchos motivos, y en la década de los 60 encontramos otro más. Durante algunos años se instauraron algunos dorsales fijos como el 2 de Jo Bonnier y el 4 de Dan Gurney entre 1960 y 1962 (hasta 1963 en el caso del estadounidense); o el 1 que de Jean-Pierre Beltoise en 1967 y 1968. Estos privilegios no se basaban en victorias previas ni clasificaciones, lo que muestra la arbitrariedad de muchas decisiones tomadas en esta cita única dentro del automovilismo mundial.

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