¡Qué viene el lobo!

Seguro que muchos os acordáis de la fábula del pastor y el lobo. En resumen, el pastor mentía a sus vecinos y les asustaba diciendo que veía el lobo. Se reía mucho del éxito de su broma, pero cuando el lobo vino de verdad, nadie le prestó atención y sufrió al perder todas sus ovejas. La moraleja se la podemos aplicar a Red Bull. No quiero dar mucha importancia a hechos como el que hoy hemos vivido en China, pero me veo en la obligación de dar mi opinión.

No hablo de órdenes de equipo, o de quién es el piloto número 1, o cualquier otro tema. Hablo de un excesivo protagonismo de estrategias oscuras, maniobras marrulleras y potenciación de polémicas. Lo que ha maquinado hoy Red Bull ha sido otro "¡qué viene el lobo!". Nadie se puede creer que Webber haya perdido la posibilidad de entrar en Q3 por un error de cálculo, si no por un exceso de cálculo. Que en Abu Dabi les pasase lo mismo con Vettel cuando luchaba por la pole tiene su pase, pero que lo repitan en tan poco tiempo con su otro piloto después de lo ocurrido en Malasia no es sospechoso, es una vergüenza. En un principio he intentado pensar bien de lo ocurrido, pero me he vuelto a llevar una bofetada. Me pasará otra vez, pero quiero que siga siendo así. No quiero pensar mal cada vez que ocurre algo extraño en la F1 porque quiero que prevalezca la lucha en condiciones ecuánimes, los valores deportivos y competitivos, y la buena voluntad y el saber hacer. Y Red Bull lleva años destruyendo todos estos valores con piques ficticios, batallas desiguales, privilegios injustos, gestiones inconstantes y mil dosis de teatro y amarillismo. Habrán ganado tres mundiales de pilotos y constructores, y habrán lavado la imagen rancia de la F1, pero no pueden sustituirla por el espectáculo vergonzante al que nos están acostumbrando. Al igual que con los pilotos, para ser un gran equipo no bastan los números, también hay que saber que detrás de todo hay personas. La F1, como todo en este mundo, es una cadena de personas que la crean, desarrollan, hablan de ella, disfrutan, viven y vibran con un deporte que está viendo como sus críticos no paran de encontrar motivos para demonizar lo que millones de aficionados defendemos. Los responsables de Red Bull deberían reflexionar porque cuando el lobo sea real se los va a comer. Que piensen en otra moraleja: no muerdas a la mano que te da de comer.

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