Alonso y Ferrari: cero en realismo

Me encanta Ferrari desde que tengo uso de razón, y no se puede decir que lo hiciese por arrimarme al caballo ganador. Hasta que cumplí los 19 no vi a un piloto del equipo de Maranello conseguir un mundial. Viví una época dominada por Williams y McLaren en la que los coches rojos apenas conseguían victorias, y después otra en la que eran insuperables. Y me gusta que cualquiera que corra para ellos haga un buen papel y represente a su escudería como su historia y palmarés merecen.

Con esta pequeña introducción que hago no quiero justificarme, ni buscar apoyo ni comprensión. Sólo afirmar que lo ocurrido hoy en Sepang me duele mucho. He visto las 200 carreras de Alonso, y otros cientos  más antes de que llegará el asturiano a la F1. En mi memoria encuentro momentos memorables del corredor español y otros que no lo son tanto, pero lo de hoy no tiene nombre. Y no me pienso callar nada de lo que representa para mi todo lo que ha ocurrido el 24 de marzo de 2013 en Sepang.

Sé que muchos me tacharán de criticar sin razón, pero tengo demasiadas. Y son como fichas de dominó que empujan la una a la otra. La primera es que en cuanto Fernando Alonso se ve con un coche ganador pierde toda la humildad que acumula cuando tiene que luchar desde los infiernos. Cae esa primera ficha y la segunda va sola: sin esa humildad pierde el respeto por todos los rivales y, como su coche es bueno, la culpa de todo es de los demás, de la mala suerte y hasta de la justicia divina. La culpa de dañar su morro no es de Vettel, quizá tampoco suya, pero escurrir el bulto no es la respuesta. Pero hablemos de la tercera ficha que cae: sin humildad ni respeto todo parece posible, hasta que un alerón se sujete sin apoyo ninguno. Y aquí me voy a detener un poco más porque esta ficha no cae sola, lo hace con ayuda.

Muchos seguidores observábamos con ilusión como el coche dañado conseguía dar una vuelta y le daba la posibilidad de entrar en boxes, pero Alonso y Ferrari decidieron tirar nuestra ilusión por los suelos. Sea decisión del piloto, del equipo o de ambos, es un error. Se puede ir más lejos aún, y poner una muesca más en los fiascos de la FiA: por motivos de seguridad podemos sacar banderas rojas a lo loco, Safety Cars por doquier o retrasar sesiones de clasificación; pero ni un mísero mensaje de dirección de carrera para que un coche que era un peligro para si mismo y para lo demás entrase obligatoriamente a reparar sus daños. ¿Acaso nos hemos vuelto todos locos? ¿Desde cuando es más peligroso salirse de una pista encharcada a 150 km/h que perder todo el apoyo aerodinámico a 300? Si es el piloto el que responde de forma afirmativa a esta última pregunta es un inconsciente; si es el equipo es un irresponsable; y si es la FiA es incongruente e incompetente.

Vayamos con el cuarto error. Es lógico cabrearse con uno mismo al meter la pata, pero después de un pequeño descanso y reflexión hay que dar la cara y asumir el error. Pero claro, sin uno no es humilde, ni respetuoso, y se muestra inconsciente e irreflexivo, ¿qué la vamos a pedir? Pues nada. Y eso es lo que nos dio Alonso. Tras dos horas de silencio lo único que se le ocurrió es echar la culpa a Vettel y a la mala suerte. Estoy cansado del discurso de "es muy fácil criticar después de que haya ocurrido algo", es repetitivo y después de tanto escucharlo es imposible que no suene a excusa barata. Y más de lo mismo con el tema de la suerte... seguro que volveremos a escuchar eso de que la suerte se compensa y equilibra, pero que no nos engañen, esto no ha sido cuestión de la fortuna.

Y creo que hay un quinto problema, que en este caso recae por completo en su equipo: no se pueden asumir los errores de los pilotos como propios de toda la estructura.

No todo es sumar puntos o conseguir buenos resultados a toda costa. Y eso es algo que han perdido de sus objetivos casi todos los equipos y pilotos. Es lógico que hay que buscar la victoria porque esto es un deporte profesional, no un juego de patio de colegio. Pero como deporte, la competición es sólo una parte de un todo. Si nos olvidamos de valores como el compañerismo, el respeto, la justicia y el talento (entre otros) estamos haciendo un flaco favor a una disciplina que muchos critican por ser un negocio de ricachones que no es un verdadero deporte

Dentro de tres semanas volveré a vibrar cuando llegue la salida de la carrera de China, pero tardaré mucho en olvidar el capítulo de Sepang... y aunque mi primera crítica en profundidad ha ido para Alonso, tengo motivos más contundentes para demostrar porque hoy me he llevado una de las mayores desilusiones con la Fórmula 1 desde hace un cuarto de siglo.

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